Entrevista a Fran Eiroa: participación efectiva, derechos y ciudadanía en salud mental

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Con motivo de la formación impartida por Fran Eiroa a profesionales de nuestra área de salud mental, conversamos con él sobre cómo avanzar hacia una atención más humana, basada en la participación real de las personas y el respeto a sus derechos. A partir de su trayectoria internacional y su trabajo junto a entidades de primera persona, abordamos temas clave como la comunicación horizontal entre usuarios y equipos, los retos estructurales del sistema, la reducción de prácticas coercitivas y el papel de la tecnología cuando se pone al servicio del empoderamiento y los proyectos de vida.

P. Muchas gracias por tu tiempo. Para quienes aún no te conocen, ¿puedes contarnos brevemente quién eres, cuál es tu trayectoria académica y qué te condujo a especializarte en salud mental desde una perspectiva de participación y derechos?
R. Mis experiencias personales me llevaron a interesarme por este ámbito. Trabajé en derechos humanos con personas víctimas de tortura y refugiadas, después hice el doctorado y varias estancias postdoctorales, pasando por Polonia, Alemania, Uruguay, Reino Unido y Estados Unidos. He ido orientando mi carrera hacia la recuperación y la ciudadanía en colaboración con entidades de personas afectadas, sus familiares y profesionales que les atienden.​

P. Tu trabajo se centra en estrategias de concienciación y en mejorar la comunicación entre personas usuarias de servicios de salud mental y profesionales. ¿Qué entiendes por «participación efectiva» de las personas en este contexto, y por qué es tan importante?
R. La participación efectiva depende del contexto, pero se concreta en pequeños cambios que dan más voz a las personas. Por ejemplo, que sean las personas usuarias quienes expliquen derechos y responsabilidades a quienes llegan a un dispositivo en lugar de ser un proceso controlado exclusivamente por profesionales. Por otro lado, hay que entender que la trayectoria vital de cada persona condiciona su nivel y forma de implicación. Debemos respetar incluso el derecho a no participar.​

P. En varios de tus proyectos aparece el concepto de derechos humanos en salud mental. ¿Podrías explicar cómo se vinculan los derechos con las prácticas clínicas y comunitarias actuales?
R. Después de muchos proyectos pequeños, pero que nos han proporcionado mucha experiencia, se está implementando en Cataluña el programa QualityRights de la OMS con el que he colaborado de distintas maneras. Este programa busca mejorar el respeto a los derechos de las personas usuarias, aunque a veces su encaje es complejo en la diversidad de territorios donde se intenta. En general, me preocupa que sigan existiendo ingresos involuntarios y contenciones mecánicas, y critico que se priorice mantener servicios con más plazas frente a la creación de espacios más humanos y menos coercitivos.​

P. Colaboras con organizaciones como la Federación de Entidades Catalanas de Salud Mental en 1ª Persona-VEUS y Obertament, que luchan contra el estigma. En tu opinión, ¿cuáles son las barreras principales que enfrentan las personas con experiencia propia en salud mental para participar con voz propia?
R. Una barrera clave son los estereotipos sobre las personas diagnosticadas. Desde algunos sectores se han alimentado campañas de alfabetización en salud mental que da una falsa sensación de conocimiento sobre el malestar psíquico. Por otro lado, por lo que respecta a las entidades que se atreven a hacer trabajo de lucha contra el estigma, la burocracia, la sofisticación de las intervenciones y los conflictos dentro de los movimientos dificultan que personas o grupos pequeños sin estructura previa se incorporen o impulsen iniciativas creando estructuras bastante centralizadas.​

P. ¿Qué papel juegan los profesionales y los equipos de salud mental para promover una comunicación más horizontal y colaborativa con los usuarios?
R. El papel es fundamental, pero el enfoque de recuperación se ha implantado parcialmente en el ámbito de rehabilitación comunitaria mientras que es casi desconocido en los ámbitos ambulatorios y hospitalarios. Las estructuras formación y las tradiciones y jerarquías profesionales dificultan que personas usuarias y profesionales puedan relacionarse de forma realmente horizontal.​

P. En algunas intervenciones recientes ha señalado que España aún tiene desafíos para avanzar en participación real y políticas más centradas en las personas. ¿Cuáles son los principales obstáculos estructurales o culturales que ve en el sistema actual?
R. Hay inercias profesionales y culturales que no favorecen los perfiles más participativos, que casi nunca llegan a jefaturas, especialmente en hospitales universitarios. En el mundo de la psiquiatría y la salud mental en general,  los líderes de corte humanista que acceden a puestos de poder han impulsado  reformas clave; sin embargo, siguen siendo excepciones tanto en sus países como a nivel europeo.​

P. En algunas de tus publicaciones y ensayos planteas la relación entre investigación científica y activismo. ¿Es compatible investigar en salud mental desde una perspectiva cercana al activismo? ¿Cómo se puede articular esa relación sin perder rigor científico?
R. Es compatible, pero difícil, porque los sistemas de financiación y la carrera académica no están pensados para ello. He tenido que negociar entre sobrevivir aceptando proyectos menos participativos y mantenerme fiel a mi objetivo de integrar activismo y participación en la investigación, algo que es más fácil ahora que tengo más estabilidad.​

P. En tu lista de publicaciones recientes, hay trabajos sobre terapias digitales y realidad virtual, ¿qué papel crees que juega la tecnología en la intervención clínica y en la promoción del bienestar psicosocial? ¿Puede esta tecnología fortalecer o dificultar la participación de las personas?
R. Creo que estamos todavía muy al inicio y, en mi caso, estos proyectos ocupan una parte pequeña de mi trabajo. Algunos diseños de realidad virtual sobre identidad me resultan interesantes, pero siento que la inteligencia artificial va mucho más rápida y que, por su facilidad de uso, plantea riesgos importantes si se usa sin espíritu crítico.​

P. Para los profesionales que trabajan con personas en situaciones de fragilidad psíquica, ¿qué prácticas o enfoques consideras fundamentales para promover el respeto, inclusión y participación?
R. Desde nuestro grupo proponemos cambiar el objetivo central del sistema. En lugar de centrarse solo en síntomas y funcionalidad, situar la ciudadanía como meta principal. Esto implica priorizar derechos y proyectos de vida, como el deseo de ser madre, de estudiar, atreverse a liderar iniciativas… incluso cuando entran en conflicto con criterios puramente sintomáticos o de control farmacológico.​

P. Por último, ¿qué proyectos o líneas de investigación te entusiasman ahora? ¿En qué retos estás actualmente?
R. Sigo centrado en el tema de la ciudadanía, incluyendo programas estructurados para formar a profesionales que ya hemos validado. Además, trabajo en un proyecto que usará inteligencia artificial, digamos “atada en corto”, que solo aprende de historias reales de superación y empoderamiento, para ofrecer apoyos más seguros y coherentes con estos principios.​

P. Para quienes quieran profundizar en tu trabajo, ¿dónde pueden encontrar más información sobre tu trabajo, publicaciones en la web, etc.?
R. Pueden encontrar mis publicaciones y materiales en la web del Grupo de Investigación en Salud Mental en Primera Persona donde todos nuestros trabajos están publicados en acceso abierto.