La autoestima tiene que ver con cómo nos vemos y cómo nos tratamos a nosotros mismos. No es algo con lo que se nace ni algo que sea igual toda la vida. Se va formando poco a poco, a partir de lo que vivimos, de cómo pensamos y de cómo nos hablan las personas de nuestro entorno.
Cuando una persona pasa por momentos de malestar emocional o problemas de salud mental, es normal que su autoestima se vea afectada. Esto no significa que haya algo mal en ella. Significa que está atravesando una situación difícil y que necesita cuidado, comprensión y apoyo.
El psicólogo Walter Riso explica que la autoestima se apoya en varios aspectos importantes:
- Lo que pensamos sobre nosotros.
- Cómo nos vemos.
- Cómo nos tratamos y nos hablamos.
- La confianza en nuestra capacidad para afrontar problemas.
Si alguno de estos aspectos se debilita, la autoestima también puede hacerlo. Por eso, cuidarla es un proceso que se construye poco a poco, con pequeños hábitos diarios.
Comprender de dónde viene la baja autoestima
La baja autoestima suele tener relación con experiencias pasadas difíciles, críticas recibidas, comparaciones constantes o expectativas muy altas. Entender esto no es para culparse, sino para comprenderse mejor. Conocer nuestra historia nos ayuda a tratarnos con más respeto y amabilidad.
1. Dar pequeños pasos, aunque haya miedo
Muchas veces pensamos que primero tenemos que sentirnos seguros para actuar. Sin embargo, suele ocurrir lo contrario: al actuar, aunque sea con miedo, la confianza va creciendo. No hace falta hacer grandes cosas. Dar pequeños pasos, a nuestro ritmo, también es avanzar.
¿Te cuesta valorarte?
No tienes por qué vivirlo a solas. Te acompañamos en el Centro de Atención Integral de la Fundación Rey Ardid.
2. Valorar quiénes somos, no solo lo que logramos
Cuando la autoestima depende solo de conseguir objetivos, cualquier error puede hacernos sentir mal. En cambio, cuando nos guiamos por valores como el respeto, la honestidad o el cuidado, nuestra valía no depende tanto de los resultados, sino de la persona que somos.
3. Reconocer las propias fortalezas, sin negar las dificultades
Todas las personas tienen cualidades y capacidades, aunque a veces cueste verlas. Reconocerlas no significa negar las dificultades. Puede ayudar anotar pequeños logros del día a día o recordar cosas positivas que otras personas valoran de nosotros.
4. Cuidar la forma en que nos hablamos
Cuando estamos mal, es frecuente tener pensamientos muy duros sobre nosotros mismos. Aprender a observar esos pensamientos y preguntarnos si son justos o si nos ayudan puede permitirnos hablarnos de una forma más respetuosa y comprensiva.
5. Aceptar el miedo como parte de la vida
El miedo es una emoción normal. En momentos difíciles puede aparecer con más intensidad. En lugar de luchar contra él, puede ser útil reconocerlo y aceptarlo. Técnicas como la atención plena ayudan a observar las emociones sin juzgarlas.
6. Tratarse con amabilidad
La autocompasión significa reconocer el propio sufrimiento y responder con cuidado, no con dureza. Perdonarse por errores del pasado forma parte de este proceso y ayuda a seguir adelante sin castigarse.
7. Cuidar el cuerpo también es cuidarse por dentro
El bienestar físico y emocional están relacionados. Dormir lo suficiente, moverse un poco, comer de forma flexible y cuidar la higiene personal son gestos sencillos que también refuerzan la autoestima.
8. Reforzar la confianza con metas pequeñas
Ponerse objetivos realistas, aprender algo nuevo poco a poco o mantener la curiosidad son formas de fortalecer la confianza. Cada avance cuenta, por pequeño que parezca.
9. Buscar apoyo y mantener vínculos
Relacionarse con otras personas, mantener actividades agradables y pedir ayuda cuando se necesita reduce la sensación de soledad. Dejarse acompañar por profesionales como los psicólogostambién es una forma de fortaleza.
10. Crear rutinas que tengan sentido
Tener rutinas sencillas y adaptadas a la situación personal aporta estabilidad. La autoestima se fortalece con decisiones cotidianas que reflejan cuidado y coherencia.
Cuidar la autoestima no significa cambiar quiénes somos, sino aprender a tratarnos con más respeto y comprensión. Es un proceso gradual que puede apoyarse en hábitos diarios y, cuando es necesario, en el acompañamiento profesional y social. Cada pequeño paso forma parte del camino.



