Más allá del diagnóstico de salud mental: cómo queremos ser tratados

Índice

Por personas expertas en salud mental en primera persona.

Centro de Rehabilitación y Apoyo Psicosocial. Fundación Rey Ardid. Calatayud.

1. El diagnóstico como herramienta, no como etiqueta

Hablar de salud mental es hablar también de cómo queremos ser vistos, comprendidos y acompañados. Un diagnóstico no debería ser una etiqueta que nos define ni un motivo para la exclusión; al contrario, debería servir como una herramienta para entender mejor nuestras experiencias y facilitar apoyos adecuados. El diagnóstico no tiene que servir para estigmatizar.

Detrás de cada diagnóstico hay una persona única, con sus propios valores, habilidades y maneras de afrontar la vida. No somos todos iguales ante una misma etiqueta. Cada proceso es distinto y merece un trato individualizado, humano y respetuoso.

2. Trato con normalidad, respeto y reconocimiento

Las personas con un problema de salud mental queremos ser tratadas con normalidad, sin caer en el infantilismo ni en la sobreprotección. Queremos que se valoren nuestras ideas, pensamientos y opiniones como las del resto de personas, independientemente del problema de salud de cada cual.

3. Reacciones sociales y silencios en torno a la salud mental

Revelar nuestro diagnóstico genera diversas reacciones: hay quienes muestran empatía y comprensión, pero también quienes reaccionan con rechazo o miedo. Esto, muchas veces, depende del nivel de confianza, del conocimiento de nuestra historia personal y de la sensibilidad que exista hacia la salud mental.

Es importante hablar de los problemas de salud mental con naturalidad, porque todavía existe rechazo a hablar sobre algunas experiencias, incluso en la propia familia. En ocasiones, hay personas que se comportan como si este tema no les atañese.

Además, no todos los problemas de salud mental están igual de aceptados socialmente. Algunos, como la ansiedad, están relativamente bien vistos, pero cuando se habla de otras etiquetas que parecen más graves existe un mayor rechazo y estigmatización.

4. El peso de las etiquetas y el papel de los medios

Las etiquetas siguen teniendo un peso enorme en nuestra vida. Pueden limitar oportunidades, cerrar puertas y dificultar la participación social. Los medios de comunicación, con frecuencia, contribuyen a reforzar estereotipos y no ayudan a eliminar las barreras ni el estigma. Necesitamos una comunicación más responsable y humana que dé voz a quienes vivimos estas realidades en primera persona

5. Más allá del tratamiento farmacológico

Más allá del tratamiento farmacológico —que en muchos casos es necesario—, el acompañamiento social y familiar resulta fundamental. Sentirnos escuchados, apoyados y comprendidos por nuestras redes cercanas contribuye enormemente a nuestra recuperación y autonomía. Un buen tejido humano puede significar la diferencia entre una vida digna y una vida marcada por la soledad o el aislamiento.

Aclaremos algo importante: no solo los fármacos nos hacen sentir mejor. Que se nos escuche, que no se nos juzgue, que se valide nuestro sufrimiento y nuestras emociones, puede sanar tanto como cualquier tratamiento médico.

6. Participación en las decisiones sobre el tratamiento

También reivindicamos nuestro derecho a participar activamente en las decisiones sobre nuestro tratamiento farmacológico. Las necesidades cambian, los contextos evolucionan, y el cuerpo no siempre responde igual. Poder ajustar la medicación según el momento vital, con consentimiento informado y respeto por parte de los especialistas, es parte de un trato digno y de una auténtica atención centrada en la persona.

7. Trato en recursos de salud mental cerrados

Queremos hablar del trato recibido en algunos recursos de salud mental cerrados, donde no hay espacios para salir a tomar el aire o pasear, no se pueden tener pertenencias personales como el pijama, el maquillaje o la propia ropa, y los profesionales utilizan un estilo directivo sin tener en cuenta a la persona en la toma de decisiones cotidianas.

Además, en algunos de estos recursos se siguen utilizando prácticas altamente restrictivas, como la contención mecánica, así como la limitación en la cantidad de agua que se permite beber a lo largo del día. Estas medidas, lejos de favorecer el bienestar o la recuperación, generan sufrimiento, sensación de castigo y pérdida de dignidad, y ponen en cuestión un modelo de atención verdaderamente centrado en la persona y en sus derechos.

8. El alta y la falta de acompañamiento

Cuando se concede el alta y se vuelve a casa, no suele existir un acompañamiento profesional estrecho, que es precisamente lo que se necesita en ese momento. Muchas personas se sienten solas, derrotadas, dependientes, con miedo e inseguridad, sin apoyos suficientes para enfrentarse de nuevo a la vida.

9. Apoyo mutuo y recuperación

Por otro lado, el apoyo mutuo entre personas que han pasado por experiencias similares tiene un valor incalculable. En esos espacios horizontales, de comprensión y empatía, aprendemos unos de otros, sin juicios ni jerarquías. Son espacios de integración, autoconocimiento y construcción colectiva.

Este enfoque horizontal también es fundamental en la relación con los profesionales de la salud mental. Apostar por un modelo de acompañamiento, basado en el respeto, la escucha y la colaboración, implica reconocer a la persona como protagonista de su propio proceso. Un trato no jerárquico, que tenga en cuenta las decisiones, los ritmos y las prioridades de cada persona, favorece una recuperación más sólida y sostenible.

La persona no es un sujeto pasivo de intervención, sino alguien activo y comprometido con su recuperación, capaz de tomar decisiones informadas sobre su vida y su bienestar cuando se le ofrecen los apoyos adecuados.

La recuperación no se logra solo con intervenciones clínicas: es también un proceso personal y social. Adoptar conductas saludables, fomentar la inclusión y crear una red de apoyo sólida forman parte esencial de ese camino hacia el bienestar.

10. Para una vida digna

Para una vida digna, proclamamos nuestros derechos:

  • A ser escuchados.
  • A ser atendidos con respeto por los servicios sanitarios y la sociedad.
  • A participar en nuestras decisiones.
  • A vivir sin estigmas ni exclusiones.

Sí a la integración.
Sí a la dignidad.
No a la exclusión.