Mucho más que “mantener ocupada” a la persona
Cuando hablamos de actividades para estimular a una persona con demencia, no nos referimos únicamente a “entretener” o “rellenar el tiempo”. Desde Terapia Ocupacional, entendemos la actividad como una herramienta terapéutica clave para preservar la autonomía, mantener la identidad personal y mejorar la calidad de vida, tanto de la persona con demencia como de su entorno familiar.
En la actualidad, la intervención se apoya en modelos no farmacológicos, especialmente en Atención Centrada en la Persona (ACP), que pone en el centro a la persona, su historia de vida, sus valores y sus preferencias, más allá del diagnóstico.

Atención Centrada en la Persona: la base de cualquier intervención eficaz
La Atención Centrada en la Persona parte de una idea fundamental: la persona con demencia sigue siendo un individuo con derechos, dignidad y capacidad de decisión, aunque precise de la ayuda de otros para poder seguir desarrollándose.
Desde este enfoque, las actividades deben:
- Tener sentido y significado personal
- Respetar gustos, rutinas y roles previos
- Adaptarse a las capacidades actuales, no a las pérdidas
- Favorecer la toma de decisiones, aunque sea de forma guiada
Debemos tener en cuenta que no todas las actividades son adecuadas para todas las personas. Por ello, es fundamental partir de la historia de vida y conocer los roles y los intereses previos. Por ejemplo, en el caso de una persona que fue costurera, se puede proponer una actividad relacionada con la clasificación de telas, el doblado de ropa o el cosido de botones, adaptando siempre la tarea a su nivel funcional actual.
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Actividades adaptadas a las fases de la demencia
La demencia es un proceso progresivo, por lo que las actividades terapéuticas deben adaptarse a cada fase, centrándonos siempre, en las capacidades que la persona todavía conserva.
- Fase inicial: se prioriza el mantenimiento de roles, la autonomía y la participación. Es importante seguir manteniendo el desempeño de las actividades cotidianas, de ocio, socialización y toma de decisiones, con apoyos puntuales o supervisión y con otros recursos como el uso de notas, agendas, recordatorios, wearables. etc. Crear una rutina estable, favorece una vida con un grado de independencia aceptable.
- Fase intermedia: las actividades deben estar más estructuradas, ser más sencillas y repetitivas. El acompañamiento comienza a ser clave en esta etapa, por lo que las tareas de la vida diaria (actividades domésticas, ocio o vida social) se adaptan dividiéndolas en subtareas o pasos más simples para facilitar su desempeño. Por ejemplo, en la actividad de poner la mesa, la persona puede encargarse únicamente de colocar los cubiertos o las servilletas, siguiendo un modelo visual. En caso de aparecer alteraciones de conducta, las actividades manipulativas y con propósito, como doblar ropa, clasificar objetos o manipular materiales conocidos, ayudan a reducir la apatía, la agitación, la desorientación y otras conductas disruptivas.
- Fase avanzada: En esta etapa, el objetivo principal es el bienestar emocional. Las intervenciones se centran en la estimulación sensorial personalizada, el acompañamiento y la conexión emocional, respetando siempre la dignidad de la persona. Por ejemplo, se pueden realizar sesiones con música significativa, acompañadas de contacto terapéutico o de la manipulación de objetos con valor emocional, favoreciendo sensaciones de calma, seguridad y vínculo

Terapias no farmacológicas: el papel de la actividad significativa
Las terapias no farmacológicas en demencia han demostrado ser eficaces para intervenir sobre síntomas cognitivos, emocionales y conductuales, reduciendo en muchos casos la necesidad de medicación.
La actividad significativa puede ayudar a:
- Estimular funciones cognitivas (atención, memoria, lenguaje)
- Reducir agitación, apatía o conductas disruptivas
- Mejorar el estado de ánimo y la autoestima
- Mantener habilidades funcionales durante más tiempo
Los profesionales sociosanitarios o familias deben seleccionar aquellas actividades que conecten con la biografía ocupacional de la persona: qué hacía, qué le gustaba, qué roles desempeñaba en su vida diaria.

Estimulación cognitiva funcional: entrenar la mente desde las actividades de la vida diaria
La estimulación cognitiva en personas con demencia es más eficaz cuando se integra en actividades reales y cotidianas, en lugar de ejercicios abstractos.
Algunos ejemplos de intervención:
- Aseo y vestido guiados: acompañar tareas como levantarse, asearse o vestirse, ofreciendo apoyos verbales o visuales para elegir los elementos necesarios y seguir el orden de la actividad. Esto permite trabajar praxias, secuenciación y mantener la autonomía.
- Cocina sencilla y adaptada: implicar a la persona en tareas como pelar alimentos, mezclar ingredientes o elegir el menú del día favorece la planificación, la atención y la memoria procedimental, manteniendo roles significativos.
- Gestión de objetos cotidianos: actividades como clasificar cubiertos, emparejar calcetines o preparar la mesa, mantener hobbies (costura, marquetería, lectura, manualidades, deporte, etc.), estimulan la atención, la organización y la motricidad fina desde tareas con sentido.
- Orientación a la realidad integrada: comentar el día, la fecha o el clima, leer la prensa o hablar sobre una noticia durante la actividad ayuda a reforzar la orientación temporal y espacial de forma natural.
- Actividades sociales y comunitarias: pasear por el barrio, realizar pequeñas compras o participar en encuentros sociales favorece la interacción social, la identidad y previene el aislamiento.
- Estimulación sensorial significativa: el uso de música, aromas u objetos personales contribuye al bienestar emocional y a la regulación conductual.
- Ejercicio físico y vida activa: promover la actividad física adaptada, como paseos diarios, ejercicios suaves de movilidad, baile o actividades deportivas sencillas, contribuye a mantener la capacidad funcional, mejorar el estado de ánimo y favorecer la orientación y el bienestar general en personas con demencia.
Estas actividades permiten trabajar sus funciones sin generar frustración, ya que parten de habilidades conservadas.

Actividades para abordar síntomas conductuales desde la ocupación
Algunas demencias cursan con alteraciones conductuales como deambulación, repetición de preguntas, agresividad o apatía. Estas conductas suelen interpretarse como una expresión de carencias o malestar, que pueden estar relacionadas con inquietud, dolor, desorientación, sed o hambre, frío o calor, o necesidades fisiológicas básicas.
Una actividad elegida adecuadamente para cada persona en concreto, puede convertirse en una potente herramienta terapéutica:
- Para personas con inquietud motora: actividades que impliquen movimiento con sentido, como regar plantas, ordenar espacios o realizar paseos con objetivos concretos.
- En casos de apatía: actividades breves, estructuradas y con inicio y fin claros, relacionadas con intereses previos. Ejemplo: secar los cubiertos, emparejar calcetines, hacer una pulsera con abalorios, etc.
- Para la ansiedad o la agitación: tareas rítmicas y repetitivas y que impliquen cierto grado de concentración, como doblar ropa, amasar, lijar, escuchar música melódica o instrumental (para volver a la calma), también actividades como caminar acompañados con una mascota.
El objetivo no es “corregir” la conducta, sino comprenderla y canalizarla a través de la ocupación.

Promoción de la autonomía y la toma de decisiones
Fomentar la autonomía en personas con demencia no significa exigir independencia total, sino facilitar su participación en la vida diaria.
Algunas estrategias para poder facilitar la toma de decisiones pueden ser:
- Ofrecer elecciones limitadas: “¿Prefieres esta camiseta o esta otra?”
- Adaptar el entorno para facilitar el éxito (iluminación, eliminación de obstáculos, señalización, reorganización)
- Dividir las actividades en pasos sencillos o subtareas: Por ejemplo, para preparar café: primero abrimos la cafetera y añadimos agua en el compartimento inferior; luego llenamos el filtro con café, cerramos la cafetera y la ponemos a calentar. Finalmente, cuando el café está listo, lo servimos.
- Valorar el proceso más que el resultado final.
Estimular a una persona con demencia no consiste en llenar su tiempo con actividades sin interés, sino en darle sentido a cada día, respetando su historia, sus capacidades y su derecho a decidir.
Andrea Pabán. Terapeuta ocupacional en Fundación Rey Ardid.



