El Gobierno de España ha anunciado que prohibirá el acceso a redes sociales a los menores de 16 años, obligando a las plataformas a implantar sistemas efectivos de verificación de edad. La medida, presentada por el presidente Pedro Sánchez en la Cumbre Mundial de Gobiernos (Dubái), se enmarca en un paquete de cinco iniciativas para atajar lo que el Ejecutivo describe como el “salvaje oeste digital” y reforzar la responsabilidad legal de las plataformas ante contenidos ilícitos.
¿Es tan serio el uso del móvil y de redes sociales de los adolescentes hasta el punto de llegar a prohibirlo? En este post vamos a realizar un repaso de la opinión de expertos y lo que muestra la evidencia científica hasta la fecha.
¿Qué dicen los expertos en salud mental?
La comunidad experta coincide en que la exposición temprana, un diseño adictivo y la presión social justifican medidas tan contundentes como las anunciadas por el Gobierno. Sin embargo, advierten: prohibir no es suficiente, es necesario un acompañamiento y alfabetización en educación digital, apoyo familiar y corresponsabilidad de plataformas.
UNICEF, en su informe Infancia, adolescencia y bienestar digital, también subraya que la prohibición por sí sola no es la solución mágica y que debe integrarse en una estrategia más amplia que combine alfabetización, mediación parental y protección efectiva. Otros análisis celebran la medida, pero recuerdan que el éxito depende de la aplicabilidad técnica (verificación de edad) y del despliegue educativo real en escuelas y familias.
El pasado 30 de octubre, Fundación Rey Ardid y FAIM organizó la Jornada profesional Salud Mental Infanto-Juvenil: Acompañamiento Sensible de Alta Complejidad, donde tuvimos el honor de contar con Jordi Bernabeu de la Fundación Althaia, Hospital Sant Joan de Deu, Manresa.
En su ponencia, insistió en que la adicción a las redes sociales no está tipificada y que, siguiendo criterios clínicos estrictos, muy pocos niños y adolescentes tendrían una verdadera adicción a internet y, por ello, alerta contra el uso indiscriminado del término “adicción” aplicándolo al uso del móvil. El problema no suele estar en el móvil, sino en el malestar emocional que algunos menores ya arrastran.
El dispositivo se convierte en un escape o un refugio, pero no es el origen.
Por eso, considera un error centrar el debate en “móvil sí” o “móvil no”. Es importante “debate sereno y tranquilo”, lejos de los extremos y las normas absolutas.

¿Qué están haciendo otros países?
España no es ni mucho menos pionero en esta iniciativa, se suma a una corriente global. Australia ha cruzado la línea de la prohibición total para menores de 16, imponiendo multas millonarias y señalando a las empresas como responsables si un menor “se cuela”; esto ha forzado el borrado masivo de cuentas y el refuerzo de controles. En Francia, el límite se ha fijado en 15 años, con cierre de cuentas de menores previsto antes de finales de 2026. Y en Europa, al menos 15 gobiernos estudian o tramitan iniciativas similares (Grecia, Turquía, Alemania, Polonia, Portugal, entre otros).
¿Adicción al móvil o uso problemático?
Aunque la “adicción a redes” no está formalmente reconocida como diagnóstico psiquiátrico, la literatura y los datos apuntan a un uso problemático con impacto clínico y social. Entre los mecanismos implicados destacan el circuito de recompensa donde entra la dopamina (notificaciones, “likes”).
El Dr. David Ezpeleta, vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN), lo explica de forma muy divulgativa:
“Si nuestro cerebro fuera una red de autopistas de información, el pavimento sería la sustancia blanca. La sobreestimulación y la información procedente del abuso de las redes sociales, especialmente en etapas de crecimiento (ojo, que no solo en estas etapas), sería como un exceso de tráfico pesado que termina por degradar esa infraestructura de transporte”.
Advierte que este abuso en niños y adolescentes está provocando cambios en el neurodesarrollo de regiones clave. No es solo que se distraigan más; se observa una pérdida de sustancia blanca en áreas críticas para el lenguaje y la alfabetización. Al priorizar la gratificación instantánea de un like, el cerebro joven reprograma sus circuitos de motivación y afecto, volviéndose más vulnerable a la depresión y la soledad.

¿Qué riesgos tiene un uso problemático del móvil?
a) Emocionales y psicológicos. Aumentan los síntomas de ansiedad, depresión y somatización; la autoestima se resiente por la comparación continua, la cultura del “like” y el uso de filtros.
b) Sociales. Se documentan ciberacoso y control digital en pareja: 1 de cada 3 adolescentes con pareja ha sufrido cyberdating violence (control de amistades, revisión del móvil, geolocalización).
c) Cognitivos y académicos. La multitarea perjudica la memoria de trabajo y la atención sostenida; el uso nocturno deteriora el sueño y el rendimiento escolar.
d) Exposición y explotación. Sexting pasivo 14,9% y activo 6,4%; 7,8% ha recibido proposiciones sexuales de adultos.
¿Cómo se trata este tipo de problema?
La clave está en un abordaje integral (escuela–familia–intervención psicosocial–plataformas)
- Prevención y educación (escuela y comunidad):
- Alfabetización digital desde Primaria: competencias críticas, privacidad, identidad digital, gestión emocional ante la comparación social.
- Metodologías activas (escape rooms educativos) para entrenar autorregulación, resolución de conflictos y trabajo en equipo: las revisiones muestran mejoras en motivación, aprendizaje y habilidades socioemocionales (Tan SLJ, Suhaili, 2026).
- Programas de bienestar digital coordinados con servicios sanitarios y sociales, tal y como recomiendan las propuestas de acción de UNICEF
- Desde la familia. María Couso (2024) en su libro: Cerebro y pantallas recomienda a las familias:
- Acompaña a tus hijos mientras ven la televisión, aunque no te interese ese contenido.
- Sitúa la televisión y las pantallas en espacios comunes
- Comed sin pantallas
- No utilices las pantallas para calmar una rabieta
- No utilices la pantalla como un premio
- Ofrece siempre alternativas de ocio saludables en lugar de tomar el recurso fácil de la pantalla
- Antes de encender una pantalla, establece con tus hijos qué van a ver
- Crea espacios en casa libres de tecnología.
- Compra un despertador
- No emplees multitarea con las pantallas
- Promueve que no estudien o hagan los deberes con el móvil delante
- Intenta que tus hijos se integren en grupos del mundo real
- Retrasa la entrega de un móvil inteligente lo máximo posible
- Retrasa la apertura en redes sociales lo máximo posible
- Intervención psicosocial cuando el problema esté instaurado. Intervención psicológica individual y terapia familiar.
- Intervención grupal en centros educativos: psicoeducación, habilidades de afrontamiento y resiliencia digital.
- Papel de las plataformas y la regulación
- Verificación de edad, auditorías algorítmicas y responsabilidad legal por contenidos ilícitos; aprendizaje de modelos internacionales (Australia, Francia). [elmundo.es], [lavanguardia.com]
- Medidas de seguridad por defecto (privacidad, límites de tiempo, desactivación de autorrreproducción), en línea con el giro regulatorio europeo.

Reflexionando
La prohibición para menores de 16 puede reducir la exposición temprana pero no resolverá el problema sin el compromiso de educación, familias, sanidad y plataformas tecnológicas. En otras palabras: necesitamos regulación, sí, pero también educación y tratamiento. La evidencia muestra que quienes padecen uso problemático también presentan peor bienestar psicológico.
Recuerda que desde el área de Infancia y Juventud de salud mental os podemos ayudar, mediante intervención en el centro educativo, atención individual, grupal y familiar. Puedes informarte en
——-añadir cuadro con datos centro atención integral——-
Fuentes:



