Una de las definiciones de sujeción física es “cualquier método manual, instrumento material o equipo, físico o mecánico, que se aplica o se coloca junto al cuerpo del residente de modo que éste no lo pueda retirar fácilmente, con el fin de limitar su libertad de movimiento o el acceso normal a su propio cuerpo” (Instituto Joanna Briggs, 2007).

El uso de restricciones acarrea una serie de aspectos legales, éticos y deontológicos añadidos. Esto hace que su utilización no sea una cuestión tan banal como hasta ahora muchos profesionales e instituciones consideran. En España, el uso de restricciones es un hecho muy extendido, aunque de momento es un hecho poco investigado.

La contención física de una persona, es una situación en la que se ponen en juego tanto los valores de las personas que deciden su uso, como la pérdida de valores por parte de quien las recibe (valores como la autonomía, la dignidad o la libertad). En el uso de restricciones, el dilema ético aparece, cuando este tipo de medidas se establecen de forma abusiva o indiscriminada, en contra de la voluntad de la persona y cuando produce efectos más contradictorios que aquello para lo que fue pautado.

Las restricciones físicas se dan siempre en un entorno de cuidados. La mayoría de las personas a las que se les pone una sujeción física, son personas vulnerables. Existe la creencia errónea de que los ancianos se lesionan más, a parte del afán proteccionista e infantilismo que se vierte constantemente sobre ellos. Cuando se usa una restricción física se está disminuyendo su calidad de vida así como limitando su independencia.

Estudios realizados por “De la Fuente , 2006 y Fariña et al 2008)” demostraron que el uso de las restricciones se puede deber a:

  • Proteger frente a caídas; es la situación que con más frecuencia justifica el uso de sujeciones entre los profesionales. La contención va unida al miedo de la institución o al personal a recibir una posible queja o reclamación judicial resultante de una caída. Las restricciones raramente eliminan el riesgo de caída y lesión, sino que según un estudio del Instituto Joanna Briggs en 2007, pueden aumentar el problema, puesto que una caída con una silla y un cinturón sujeto puede acarrar unas secuelas mayores que una caída del propio pie.
  • Controlar trastornos del comportamiento. Evitar autolesiones o lesiones a terceros. Prevenir vagabundeos. Facilitar el tratamiento terapéutico. Paliar o prevenir estados de agitación, agresividad o confusión.
  • Motivos encubiertos como: Miedo a denuncias por falta de seguridad en las instituciones. Castigo por desobediencia. Sustitutivo de la vigilancia. Conveniencia y comodidad del personal.
  • Por deseos familiares

La causa por la cual se decide poner una restricción es la base para elaborar las alternativas posibles a la misma. El cambio requiere de la valoración individual e integral de la persona.

Dependiendo de la situación de cada persona en diferentes situaciones, hay varias medidas que se pueden poner en práctica antes de usar una sujeción física. Algunos ejemplo:

  • Situaciones de agitación/ agresividad

Reducir lo que provoca la conducta agresiva o violenta. Retirar a un lugar tranquilo. Reducir ruidos. Usar métodos de distracción que permitan olvidar el motivo de la agitación. Buscar ocupaciones. Transmitir calma, seguridad y comprensión con un tono claro y pausado. Registrar soluciones encontradas y alternativas eficaces.

  • Personas con trastornos cognitivos

Orientar en el entorno, calendarios, fotografías, objetos personales. Incluir en las conversaciones. Establecer protocolos en las ABVD, establecer rutinas. Preparar tareas adecuadas con las que pueda sentirse útil.

  • Personas con deambulación errática

Tener controladas las salidas del centro, puertas cerradas y sistemas de alarma. Solicitar el apoyo familiar. Incluir en actividades sociales. Poner pulseras identificativas, crear actividades nocturnas para los que deambulan durante la noche.

  • Personas con problemas de movilidad

Valorar y tratar según el caso el problema concreto, incluir ayudas técnicas si fuese necesario. Adaptar el tipo de calzado a las necesidades. Revisar las posibles barreras arquitectónicas, eliminar alfombras, usar mobiliario bien fijado.

  • Personas con trastornos del sueño

Elaborar rutinas diarias antes de acostarse. Colocar rodillos acolchados, almohadas, cojines, o mantas delimitando los bordes de la cama para evitar que el cuerpo se deslice. Situar alfombras mullidas o colchonetas para amortiguar posibles caídas. Proporcionar fácil acceso al timbre de llamada. Individualizar la altura de las camas según las necesidades

Siempre que se usa una restricción física se disminuye la capacidad autónoma de la persona, por lo que habrá que sopesar los beneficios e inconvenientes de la misma. En ocasiones los efectos colaterales de la sujeción serán peores que la causa por la que se instauró. Por tanto, antes de instaurar una sujeción se deben tener en cuenta varias recomendaciones:

  • Siempre como último recurso, cuando otras intervenciones han fallado
  • Siempre buscando alternativas que minimicen el tiempo de restricción
  • Siempre aplicarlas por personal formado en riesgos y cuidados
  • Siempre informando y con el consentimiento de las familias
  • Nunca en condiciones que puedan ser exacerbadas por disminución de estímulos
  • Nunca en situaciones controlables mediante otras técnicas
  • Nunca en caso de negación del tratamiento
  • Nunca como una decisión personal sino consensuada con el equipo
  • Nunca como sustitutivo de vigilancia
  • Nunca durante tiempo ilimitado
  • Nunca como castigo

Mercedes Beltran Fleta, Terapeuta Ocupacional de la Residencia de Mayores de Belchite.

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